variedades sociales de la lengua

variedades sociales de la lengua

Una variedad o modalidad lingüística es una forma específica de lengua natural, caracterizada por un conjunto de rasgos lingüísticos usados por una determinada comunidad de hablantes vinculados entre sí por relaciones sociales, geográficas o culturales.
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Las variedades lingüísticas son distintas formas que adquiere una misma lengua de acuerdo al lugar en que vive el hablante (esta variedad se denomina dialecto), a su edad (esta variedad se llama cronolecto) y a su grupo social donde también influye el nivel de educación (sociolecto). Las diferencias pueden estar relacionadas con el vocabulario, la entonación, la pronunciación o la confección de expresiones; y en general se manifiestan más claramente en la oralidad que en la escritura. De esta forma, cuando escuchamos hablar a alguien, podremos suponer en qué región reside (si en la zona Metropolitana o la zona rural, por ejemplo), de qué grupo etario forma parte (es un niño, un adolescente, un adulto, un anciano) y qué nivel educativo tiene.
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El término variedad es una forma neutral de referirse a las diferencias lingüísticas entre los hablantes de un mismo idioma. Con el uso del término variedad se pretende evitar la ambigüedad y falta de univocidad de términos como lengua o dialecto, ya que no existen criterios unívocos para decidir cuándo dos variedades deben ser consideradas como la misma lengua o dialecto, o como lenguas o dialectos diferentes.
Es de vital importancia conocer la lengua que compartimos así como el resto de lenguas que se hablan en el territorio nacional, y en el internacional. Para ello, hemos estado destacando aspectos importantes que nos hablan de la lengua. La disciplina de la Lengua que se encarga del estudio de ésta en relación a la sociedad y los hablantes se llama SOCIOLINGÚÍSTICA.
Como podemos leer en Kalipedia, Cada uno de nosotros podemos entendernos con otras personas que hablen español. Pero no todas las personas que hablamos español lo hablamos de la misma forma. Así, somos capaces de percibir claramente que las personas de Castilla o del norte de la Península, por ejemplo, pronuncian de distinta manera que las que han nacido en Andalucía o en Canarias. Y es fácil observar también que un abogado o una economista emplean palabras que no utilizamos habitualmente. Ni siquiera una misma persona habla siempre igual: no nos expresamos de la misma manera cuando charlamos con nuestros amigos que cuando conversamos con un desconocido, con un profesor o con una doctora. Así pues, el español, como cualquier otro idioma, es una lengua que está sujeta a variación. Las variaciones que afectan a una lengua son principalmente de tres tipos: variaciones espaciales o geográficas, variaciones sociales y variaciones estilísticas.
El diferente uso que se hace de la lengua es lo que determina que existan variedades lingüísticas en el seno de una misma comunidad idiomática, de ahí que podríamos describir las variedades lingüísticas diciendo que es el conjunto de rasgos fónicos, morfosintácticos y léxicos que se asocian a un determinado tipo de hablantes en los que se dan determinadas situaciones de tipo geográfico, social o situacional.
De esto que llevamos escrito, es fácil deducir que la función primordial del lenguaje es la comunicación, ya que, como vimos, el lenguaje se reduce a la capacidad de comunicarse. Esto quiere decir que el término comunicación lleva implícita en su contenido la idea de social. Difícilmente existiría comunicación si esa capacidad comunicativa no pudiera concretarse en una realidad articulatoria, como igualmente difícil sería la comunicación si no existieran comunidades, grupos e individuos a los que transmitir (y de los que se puedan recibir) mensajes. La lengua es -afirma Manuel Alvar- la más social de todas las creaciones, pero con su propia peculiaridad. Cierto que sin sociedad no podría existir ninguna lengua y cierto también que la lengua consigue que la propia sociedad se realice. Por eso, cuando estudiamos las variaciones lingüísticas producidas por la sociedad, no estamos haciendo otra cosa que estudiar un aspecto de las muchas variaciones posibles que puede tener un sistema lingüístico, pero no la única.
Esas comunidades o esos individuos son usuarios de un idioma; sin embargo, y a pesar de que todos lo utilizan según un modelo estándar que les permite entenderse, no todos lo hacen con los mismos registros expresivos ni con los mismos niveles. Las diferentes circunstancias contribuyen a que existan diversas formas de actualizarla, hasta el punto de que unos hablantes lo harán de manera impecable y otros se verán obligados a adaptar el código a sus propias limitaciones.
El lenguaje compartido es una forma de cohesión social; por ello, es frecuente que los diversos grupos sociales reflejen en última instancia su comportamiento y su discurso lingüístico como ciertos hábitos que los caracterizan frente a los demás y actúan como signos de identidad. Pero por encima de todas las variedades de uso se encuentra la lengua estándar, variedad común a todos los hablantes, que sirve para la intercomunicación. Es esta una variedad superadora de la diversidad, que posee autoridad, vitalidad, historicidad y normalización.
La ciencia que se ha ocupado de estudiar la diversidad de la lengua, analizada dentro del contexto social en que se produce, es la sociolingüística. R. Hudson define esta disciplina como el estudio de la lengua en relación con la sociedad, significando que la sociolingüística es parte del estudio del lenguaje.


  • LA LENGUA COMO SISTEMA.

  • En el Curso de lingüística general Saussure estableció las características de la lengua en oposición al habla. Según esta dicotomía, la lengua es un instrumento de comunicación en estado potencial que se actualiza mediante el uso individual de aquella. Esta descripción de la lengua como un estado potencial nos marca la pauta para describirla como una estructura o, lo que es lo mismo, como un conjunto de signos que forman un complejo entramado de interrelaciones y dependencias. A este entramado de signos es a lo que llamamos sistema. Claro que, como el sistema pertenece al ámbito de la abstracción y su dominio es de carácter colectivo, se requiere un uso concreto que la actualice y le confiera su carácter de habla o realización individual.
    Así, pues, entendemos por lengua el sistema de unidades y reglas de combinación de las mismas que comparten los hablantes de una comunidad idiomática determinada. La lengua es el modelo general y constante, fruto de la elaboración social. Se impone al hablante sin que éste la pueda modificar. En términos de comunicación, la lengua es asimilable al código en el que se vierten los contenidos mentales para su transmisión. Dominar una lengua supone haber almacenado en nuestra memoria dichas unidades y sus reglas de combinación en todos sus niveles, es decir, haber interioridad el código hasta el punto de ser capaces de producir cualquier tipo de secuencia en dicha lengua. En definitiva -como vimos en el tema 1-, poseer su competencia.
    El habla es la utilización de la lengua que hace el hablante en unas determinadas circunstancias. Es el acto mismo de la comunicación lingüística y, a la vez, el producto lingüístico a que este da lugar. Al hablar, el individuo actualiza, es decir, realiza las posibilidades que la lengua potencialmente le ofrece. En términos de comunicación, el habla es asimilable tanto a la codificación como al mensaje mismo. En suma, el habla es actuación.
    LENGUA
    HABLA
    LENGUA Y HABLA
    Social.
    No puede ser alterada por el hablante.
    Se rige por las reglas del código.
    Individual.
    Tiene un componente físico, además de psíquico.
    Dos vertientes de un mismo fenómeno: el lenguaje.
    No se dan la una sin la otra: el habla se produce porque se está en posesión de la lengua, pero la lengua no existiría sin el habla.
    La consideración de la lengua como sistema, según la teoría de Saussure, constituye la base del estructuralismo, cuya orientación metodológica parte de la idea de que la lengua es un sistema donde todos los términos son solidarios y el valor de cada uno no resulta más que la presencia de los otros. Por eso, la lengua es un juego de oposiciones.
    A pesar de que la lengua no se presenta radicalmente separada del habla (ambos conceptos son el anverso y el reverso de un mismo fenómeno), la distinción conceptual que se opera en ellas, sí que nos permite estudiar la lengua como sistema, por un lado, y el habla como uso por otro. En concreto, de lo que se trata en este momento es de analizar el primer componente, es decir, la lengua como sistema, objeto de atención preferente de Saussure y, de paso, del resto de los estructuralistas.
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